Ser nominada como árbitra para los Juegos Centroamericanos y del Caribe fue un honor inmenso y una experiencia que guardaré para siempre. La designación la realiza la Unión Panamericana de Taekwondo y, considerando que Chile ni siquiera forma parte de estos Juegos, recibir esta invitación tiene un significado muy especial. Es un reconocimiento al trabajo y al compromiso que he desarrollado durante años dentro del arbitraje.
El evento se realizó en Santo Domingo, República Dominicana, y reunió a los mejores exponentes del continente. Tuve la oportunidad de arbitrar numerosos combates en las categorías livianas, tanto en damas como en varones, incluyendo semifinales, disputas por la medalla de bronce y finales. Además, participé en las competencias por equipos y en las categorías pesadas, colaborando principalmente en el sistema de revisión por video.
Uno de los mayores desafíos fue el calor. La organización y la atención fueron excelentes, pero el recinto donde se desarrollaban las competencias no contaba con aire acondicionado, mientras que la sala de árbitros sí. Ese contraste de temperatura fue muy brusco y varios terminamos con problemas de garganta. Aun así, fue una situación que no opacó la calidad del campeonato.
También fue muy enriquecedor compartir con deportistas de nivel olímpico y observar el alto estándar competitivo que tuvo el torneo. Cada combate representó un desafío y una oportunidad para seguir aprendiendo y creciendo como árbitra internacional.
Regreso de esta experiencia con la satisfacción de haber representado a Chile de la mejor manera posible. Haber sido parte de unos Juegos Centroamericanos y del Caribe es un orgullo enorme y, al mismo tiempo, una motivación para seguir preparándome, perfeccionándome y demostrando que el arbitraje chileno puede estar presente en las competencias más importantes del continente.














