Ser parte de los Juegos Sudamericanos en Rosario, Argentina, fue una experiencia muy especial. Como árbitra, participar en un evento de esta magnitud es comparable con vivir unos Juegos Olímpicos a nivel sudamericano, donde cada país presenta a sus mejores deportistas y cada combate se disputa con una intensidad increíble.
Nuestro viaje tuvo algunas complicaciones debido al clima, pero finalmente llegamos a Rosario durante la madrugada del 21 de septiembre. Al día siguiente comenzamos con las actividades oficiales, las reuniones técnicas y el reconocimiento del recinto donde se desarrollarían las competencias.
Una de las cosas que más me llamó la atención fue la manera en que Argentina potencia el deporte. Las entradas eran gratuitas y los organizadores llevaban estudiantes de distintos colegios para que disfrutaran de las competencias. Eso generaba un ambiente maravilloso, con público en los distintos escenarios y mucho entusiasmo por cada disciplina.
En el taekwondo vivimos jornadas intensas, con combates emocionantes y situaciones complejas que debimos resolver como equipo arbitral. Chile tuvo una destacada participación, consiguiendo dos medallas de plata y dos de bronce en las jornadas de combate, un resultado que nos llenó de orgullo.
También hubo momentos para disfrutar de Rosario, recorrer sus espacios públicos, conocer lugares emblemáticos como la Casa del Deporte y la Casa de Messi, y compartir fuera de la competencia.
Me quedo con la emoción de ver a deportistas de distintos países entregarlo todo por una medalla, con combates de gran nivel y, sobre todo, bastante limpios. Como árbitra, es gratificante ser parte de estas instancias, donde nuestra labor es fundamental para que todo se desarrolle de la mejor manera.
Sin duda, Rosario me dejó grandes recuerdos y nuevos aprendizajes. Porque el deporte no solo se trata de competir y ganar medallas, sino también de compartir experiencias, representar a nuestro país y disfrutar de una pasión que une a todo Sudamérica.













