La cuarta edición de la Maratón del Maule reunió a cerca de 3.000 corredores en las calles de la ciudad de Curicó.
Profesionales y aficionados compartieron la emoción de cruzar la meta, acompañados por música, aplausos y esfuerzo colectivo. Pero detrás de cada zancada hay un factor que muchas veces pasa desapercibido: la alimentación. Porque el rendimiento no depende solo de los kilómetros entrenados, sino también de lo que va en el plato.
Los días previos son decisivos. El cuerpo necesita acumular energía en forma de carbohidratos: arroz, pastas, papas, avena. No se trata de comer más, sino de hacerlo con estrategia. Un error frecuente es probar dietas nuevas justo antes de competir o abusar de suplementos sin asesoría. La clave está en alimentos conocidos, fáciles de digerir y que den seguridad al corredor o corredora.
El desayuno del día de la competencia es el combustible inicial. Debe ser simple, rico en carbohidratos y bajo en grasa: pan con miel o mermelada, plátano, avena. Nada de experimentos ni comidas pesadas. Durante la carrera, los geles energéticos se han popularizado, pero frutas como el plátano o los dátiles siguen siendo opciones naturales y efectivas.
Las exigencias cambian según la distancia. En 10K, ideal para principiantes, un desayuno liviano y buena hidratación bastan para disfrutar. En 21K, la media maratón, se requiere mayor planificación: reservas de carbohidratos y una estrategia de hidratación constante. En 42K, la maratón, la alimentación previa, durante y después es tan importante como el entrenamiento. Y en 90K, una ultramaratón, la nutrición cambia radicalmente: no bastan los geles; se requieren alimentos sólidos y variados como frutos secos, barritas, pan o frutas. El corredor debe comer cada 30 a 45 minutos, aunque no tenga hambre, y la hidratación incluye agua, bebidas isotónicas y líquidos con sodio para evitar desequilibrios que pueden ser peligrosos. La preparación se extiende por semanas y la recuperación puede tardar días.
El objetivo también cambia según la experiencia. Los aficionados suelen cometer errores como probar suplementos nuevos el mismo día o subestimar la hidratación. Los corredores intermedios buscan mejorar sus marcas personales y convierten la nutrición en una estrategia.
Los profesionales, en tanto, planifican cada detalle con semanas de anticipación, midiendo carbohidratos, proteínas y electrolitos con precisión. En cuanto a la hidratación, la discusión entre agua e isotónicas sigue abierta, pero lo importante es escuchar al cuerpo y no esperar a tener sed para beber.
Cruzar la meta no significa que todo terminó. El cuerpo necesita recuperarse. Aquí entran en juego las proteínas, que ayudan a reparar los músculos, y los carbohidratos, que reponen la energía gastada. Minerales como el hierro, el magnesio y el potasio son aliados para evitar calambres y fatiga. Una buena recuperación no solo mejora el bienestar inmediato, sino que también protege la salud a largo plazo.
La maratón es un acto de voluntad, pero la nutrición es un acto de conciencia. Alimentarse bien no es un detalle secundario: es parte del entrenamiento, de la preparación y de la celebración.
Y ahora que la Maratón del Maule quedó atrás, la mirada se dirige a Santiago. La próxima semana, miles de corredores volverán a desafiar sus límites en la capital. Si vas a participar, recuerda que tu rendimiento no depende solo de las zapatillas ni del cronómetro, sino de lo que llevas en el plato. Porque correr no termina en la meta: continúa en los hábitos que construimos día a día.














