Antes de comenzar con nuevos desafíos, quiero mirar hacia atrás y compartir lo que fueron los meses de abril y mayo, dos meses intensos y llenos de experiencias que quedarán grabadas en mi carrera como jueza internacional de taekwondo.
Todo comenzó con el Mundial Juvenil en Uzbekistán. Debido al conflicto bélico que afecta a la región, llegar no fue sencillo. La cancelación de vuelos complicó el viaje tanto para deportistas como para árbitros, pero finalmente pudimos estar presentes y el campeonato resultó ser un éxito. En lo personal, fue una experiencia muy gratificante. Cuando te consideran para dirigir finales y logras cumplir sin errores, la sensación es de satisfacción y de haber realizado bien tu trabajo.
Posteriormente participé en un evento más pequeño en Miami, con un ambiente muy acogedor y relajado, para luego trasladarme a Charlotte, donde se desarrolló el seminario de actualización de kyorugi. Esta instancia es obligatoria para todos quienes estamos en el proceso rumbo a Los Ángeles 2028 y, además, en esta oportunidad se introdujeron importantes modificaciones al reglamento.
Fue una gran oportunidad para ponerme al día y también para asumir responsabilidades de liderazgo en varias actividades, lo que hizo de ese proceso una experiencia muy enriquecedora.
Después de regresar a Chile por apenas una semana, tuve la oportunidad de viajar a Río de Janeiro para ser parte del Panamericano de para-taekwondo y taekwondo tradicional. Allí me desempeñé como jefa de cancha, desarrollando un trabajo muy positivo junto a un gran equipo de árbitros internacionales.
Sin duda, cada uno de estos eventos me dejó grandes aprendizajes, pero el Mundial Juvenil de Uzbekistán se lleva un lugar especial. El nivel de organización y el trato brindado a los árbitros fueron excepcionales, convirtiéndolo en uno de los mejores campeonatos en los que he tenido la oportunidad de participar.
Mientras escribo estas líneas, desde Roma se está presentando oficialmente el nuevo reglamento en el Grand Prix, evento que sigo atentamente de manera online. Espero poder vivir esa experiencia de primera mano a fines de este mes en Florida, si Dios quiere. Pero esa será una historia para otra columna.













