Todavía con la emoción de los días vividos, quiero agradecer a cada jugador, jugadora, dirigente, familia y colaborador que hizo posible una nueva edición de la Copa que lleva mi nombre. Ver el Gimnasio Regional y el Cendyr Sur llenos de básquetbol, amistad y compañerismo es algo que me llena de orgullo y gratitud.
Durante años tuve la fortuna de vivir este deporte desde la cancha, defendiendo colores, compartiendo camarín y aprendiendo valores que me han acompañado toda la vida. Por eso, observar a delegaciones provenientes de distintas ciudades del país reunidas en Talca tiene un significado muy especial. Más allá de los resultados, lo importante fue ver cómo el básquetbol sigue siendo un punto de encuentro entre generaciones.
Esta cuarta versión confirmó que el campeonato ha ido creciendo y consolidándose. Equipos de Santiago, Rancagua, Curicó, Talca, Chillán, Concepción y otras ciudades llegaron con entusiasmo para competir, pero también para reencontrarse con amigos que este deporte les regaló a lo largo de los años.
Me emociona especialmente comprobar que las categorías mayores mantienen viva la pasión por el básquetbol. Muchos de quienes participaron siguen entrenando, viajando y representando a sus ciudades con el mismo compromiso de siempre. Son un ejemplo para las nuevas generaciones, porque demuestran que el deporte no tiene fecha de vencimiento.
Quiero destacar también el trabajo de todos, árbitros, colaboradored y de todos quienes estuvieron detrás de cada detalle. Un evento de esta magnitud requiere esfuerzo, dedicación y mucho cariño por el básquetbol.
Talca volvió a ser una gran anfitriona y eso nos deja satisfechos. Espero que esta copa continúe creciendo y que siga siendo una instancia para fortalecer la amistad, la vida sana y el amor por este hermoso deporte.
Mientras existan personas dispuestas a reunirse alrededor de una cancha, el básquetbol seguirá siendo una escuela de vida. Ese es, sin duda, el mayor triunfo de este campeonato.














