Ha finalizado recientemente el Mundial de Básquetbol en la ciudad de Ticino, Suiza. Allí, un grupo de mujeres talquinas nos regaló una hazaña que merece ser destacada: consiguieron el tercer lugar mundial en la categoría +70, logro que trasciende lo deportivo y se instala como un verdadero ejemplo de vida.
Este es un pequeño pero sentido homenaje para ellas, porque lo que han hecho no es solo alcanzar una medalla, sino desafiar con valentía y convicción una idea equivocada: que hay edad para soñar, para competir o para seguir en movimiento.
Su grandeza no se mide por trofeos o podios, sino por la constancia, la pasión y la determinación que han cultivado a lo largo de sus vidas. Cada una de ellas, sobre los 70 años, sigue calzándose sus zapatillas día a día, entrenando con la misma fuerza con la que han enfrentado cada obstáculo, cada etapa, cada desafío.
Sus vidas están marcadas por historias de superación, décadas de esfuerzo silencioso y una firme convicción: el deporte no tiene edad. Y más aún, el espíritu competitivo, ese fuego interior que las impulsa, tampoco envejece.
Nos recuerdan que ser deportistas no depende de la juventud del cuerpo, sino de la vitalidad del alma. Nos inspiran a no rendirnos, a levantarnos una vez más y a seguir jugando, en la cancha o en la vida.
A cada una de estas guerreras: gracias por representarnos, por emocionarnos y por recordarnos que nunca es tarde para seguir soñando.















