Viajar a Lima siempre tiene un significado especial, pero cuando se mezcla la pasión por el taekwondo, el aprendizaje constante y la camaradería, la experiencia se vuelve inolvidable.
Durante mi reciente estadía en Perú, tuve el honor de participar en dos exigentes seminarios de actualización arbitral, donde el nivel fue altísimo y muy pocos aprobaron. Fueron jornadas intensas, desafiantes, que pusieron a prueba tanto nuestros conocimientos como nuestra preparación.
Además, formé parte del cuerpo de jueces en dos campeonatos, destacando especialmente uno de ellos, que fue exclusivamente femenino. Ver en acción a tantas mujeres entregadas con técnica, fuerza y pasión fue realmente inspirador.
Estos espacios no solo permiten reforzar aspectos técnicos y reglamentarios, sino también intercambiar criterios con colegas de distintos países, enriqueciendo profundamente la labor que realizamos en cada tatami.
Pero más allá del reglamento y los combates, este viaje a territorio peruano me dejó algo aún más valioso: grandes amistades.
Conocer y reencontrarse con personas que comparten los mismos valores y el mismo amor por el deporte es una de las mayores recompensas de este camino. Porque el taekwondo no solo nos forma como profesionales, sino también como personas.
Llevo conmigo lindas experiencias, desafíos superados y la convicción de que cada evento internacional es una oportunidad para seguir creciendo, aprendiendo y sumando.














