El cerebro humano es uno de los temas de interés en investigación que más científicos reúne cada año. El atractivo parte desde la múltiple aplicación que se le puede dar al conocimiento en profundidad de los mecanismos cerebrales y como estos mecanismos se expresan en nuestro diario vivir. Mucha mayor relevancia toma el conocimiento de los mecanismos cerebrales de disciplinas que requieren cada vez una mayor especificidad en la ejecución, como se da en el deporte.
Es por esto por lo que durante los últimos años muchos deportes han implementado la neurociencia como parte de sus rutinas de entrenamientos. Uno de los equipos de fútbol que lleva la delantera en la aplicación de las neurociencias a sus entrenamientos es el Liverpool, que tienen por objetivo lograr una mejor precisión de los tiros que conlleva un partido, y mejorar mecanismos como la ansiedad y estrés de los jugadores.
En el país vecino Argentina, el equipo de River Plate también cuenta en sus filas del cuerpo técnico con una Doctora en Neurociencias, quién aplica técnicas específicas para los entrenamientos de cada uno de los jugadores.
Dentro de otras disciplinas como el tenis, Roger Federer ha mencionado en varias entrevistas que parte de su talento se debe al apoyo recibido desde entrenamientos basados en neurociencias que le permitieron manejar de manera adecuada sus emociones, así como la anticipación y mecanismos atencionales.
En el básquetbol varios países incluso sudamericanos han implementado entrenamientos de neurociencias en la preparación de jugadores cadetes y juveniles. Y así la gran mayoría de las disciplinas deportivas hoy implementan la neurociencia como parte de su rutina.
El lograr conocer nuestro cerebro y aprender habilidades para mejorar el rendimiento deportivo hoy marca una diferencia entre uno u otro deportista o equipos. El perfeccionar solamente una habilidad como puede ser por ejemplo la velocidad de reacción, esa diferencia en milisegundos puede ser la clave que define a un campeón mundial. Así como el manejo adecuado del rendimiento bajo presión, o el control emocional efectivo.














