Siempre me preguntan por esa historia que algunos dicen mito y otros leyenda: que cuando me sacaba una mala nota en el colegio, mi padre me mandaba a lanzar 500 tiros libres en la cancha que había al costado de la casa. Y sí, es verdad. No era un castigo tradicional, y con los años entendí que tampoco era un castigo negativo.
En mi casa nunca se separó el esfuerzo académico del deportivo. Estudiar mal tenía consecuencias, pero esas consecuencias estaban ligadas a mejorar, a crecer, a insistir. Mi padre no buscaba humillarnos ni castigarnos por castigar. Buscaba formarnos. Y eso marcó mi camino para siempre.
Con el tiempo comprendí que esos lanzamientos repetidos, a veces cansado, a veces frustrado, eran una lección mucho más grande que el básquetbol. Eran un ejercicio de responsabilidad, de disciplina y de perseverancia. Fallar no se castigaba con gritos ni con prohibiciones, se corregía con trabajo.
Esa misma idea la he llevado toda mi vida, primero como jugador y luego como profesor de Educación Física, formador y entrenador. A mis alumnos siempre les he hablado de los “castigos positivos”.
Porque sí creo que existen. No todo castigo destruye; algunos enseñan, ordenan y fortalecen, siempre que tengan sentido y propósito.
El deporte tiene esa virtud: transforma el error en una oportunidad. Un tiro libre errado no se borra, se repite. Se ajusta la técnica, se calma la mente y se vuelve a intentar. Así debería ser también en la vida. No se trata de no equivocarse, sino de asumir el error y trabajar para ser mejor.
Vengo de Ferroviarios de Talca, pasé por Universidad Católica, por Español, por la selección chilena, y he tenido la suerte de recorrer un camino largo en el básquetbol. Pero lo que más valoro no son los títulos ni los aplausos, sino las enseñanzas que me acompañaron desde niño y que hoy intento transmitir.
Si algo aprendí lanzando 500 tiros libres, es que el talento sin disciplina no alcanza, y que el carácter se construye en los momentos incómodos.
A veces, el mejor castigo no es alejarte de lo que amas, sino obligarte a hacerlo mejor.














