Durante décadas, las ciencias del deporte han intentado responder una pregunta: ¿los grandes deportistas nacen con un talento excepcional o lo construyen mediante el entrenamiento? Hoy sabemos que el rendimiento surge de una interacción compleja entre genética, experiencias y ambiente. La epigenética aporta una perspectiva novedosa para comprender esa relación.
La epigenética estudia mecanismos que regulan la actividad de los genes sin modificar la secuencia del ADN. En otras palabras, heredamos información genética, pero su expresión puede variar según estímulos como la actividad física, la alimentación, el sueño y el estrés. Entre estos mecanismos destacan la metilación del ADN y las modificaciones de las histonas, que intervienen en la regulación de procesos celulares.
El ejercicio no solo fortalece músculos y mejora la capacidad cardiovascular, también provoca cambios moleculares. Investigaciones han observado modificaciones epigenéticas en el músculo esquelético después de sesiones de ejercicio y durante programas de entrenamiento. Estas respuestas se relacionan con vías de regulación del metabolismo energético y la adaptación muscular.
En el deporte, la fuerza y la resistencia conviven con habilidades como la atención, la anticipación, la memoria de trabajo, la toma de decisiones y el control emocional. Cada entrenamiento exige al cerebro interpretar información, aprender movimientos y ajustar respuestas. Este proceso se relaciona con la neuroplasticidad, la capacidad del sistema nervioso para cambiar con la experiencia.
Estudios experimentales vinculan ciertos mecanismos epigenéticos con el aprendizaje y la memoria. Al ser un área reciente de investigación, su contribución específica al desempeño de deportistas de élite sigue en investigación.
Esta dimensión es especialmente visible en cada una de las disciplinas deportivas, donde una decisión tomada en segundos puede cambiar el resultado. Por eso, estudiar el rendimiento implica observar tanto las capacidades físicas como los procesos cognitivos que sostienen la ejecución deportiva.
El estrés sostenido, la falta de sueño y una recuperación insuficiente pueden alterar el funcionamiento fisiológico y disminuir el desempeño. El cortisol participa normalmente en la respuesta al esfuerzo, pero una carga física y psicológica mal equilibrada puede asociarse con fatiga, dificultades de concentración y problemas de recuperación. La nutrición adecuada, el sueño y la salud mental no son complementos: forman parte de la preparación deportiva integral.
La epigenética ayuda a comprender por qué el ambiente y los hábitos importan, sin negar el peso de la herencia genética. Tampoco permite afirmar que cualquier persona pueda alcanzar cualquier marca mediante el entrenamiento. La adaptación depende de múltiples factores biológicos, psicológicos y sociales, además del acceso a oportunidades y apoyos.
Para Chile, este campo representa una oportunidad de fortalecer la investigación interdisciplinaria entre neurociencias, fisiología del ejercicio, genética y ciencias del deporte. Integrar evaluaciones cognitivas y fisiológicas podría contribuir, en el futuro, a estrategias de preparación y recuperación más personalizadas. Siendo la epigenética, un mecanismo de medición de representación genética, que ha ganado un gran espacio dentro del estudio de la neurociencia del deporte.
La gran enseñanza es que nuestra biología no permanece inmóvil, esta responde a lo que hacemos y a las condiciones en que vivimos. El desafío no consiste simplemente en entrenar más, sino en comprender mejor cómo entrenar, recuperarse y cuidar al deportista. El rendimiento se construye en el encuentro permanente entre genes, cerebro, cuerpo y ambiente.













