Lo que me habría gustado saber antes: el dentista también juega.
Llevo 57 años jugando básquetbol. He pasado por distintos clubes, he ganado, he perdido y, sobre todo, he aprendido a cuidar el cuerpo. Rodillas, tobillos, espalda: cada lesión me enseñó algo. En el camino tuve kinesiólogos, preparadores físicos, médicos y nutricionistas. Pero hubo un profesional que nunca estuvo en mi equipo y que hoy creo que debería estar en el de cualquier deportista: el dentista.
Parece raro, lo sé. Uno asocia al dentista con una tapadura o una limpieza, no con el rendimiento en la cancha. Pero existe un área llamada odontología deportiva, y hay cuatro cosas que todo jugador, joven o veterano, debería conocer.
1. Tu boca puede estar frenando tu rendimiento.
Una infección dental o unas encías inflamadas no son solo un problema de la boca. Se asocian a inflamación en el resto del cuerpo, y un cuerpo inflamado se recupera peor, se cansa antes y queda más expuesto a molestias. Lo complicado es que muchas veces no duelen, así que uno ni se entera. Por eso, los controles periódicos no son un lujo: son parte de la preparación, igual que el trabajo físico.
2. Un codazo puede costar un diente.
En el básquetbol, los golpes en la cara son parte del juego: un rebote, una bandeja, una disputa bajo el tablero. Muchos creen que el protector bucal es solo para el rugby o el boxeo, pero debería utilizarse en cualquier deporte con contacto.
Y no hablo del genérico que se compra en cualquier farmacia, sino de uno hecho a medida: es cómodo, permite hablar y respirar bien, y cuesta mucho menos que reparar un diente roto. Si tienes hijos que juegan, esto va especialmente para ellos. Y si ya tienes coronas o implantes, con mayor razón.
3. La mandíbula también se lesiona.
Apretar los dientes al hacer fuerza, sentir dolor al abrir la boca o al masticar, e incluso tener dolores de cabeza frecuentes, son situaciones más comunes de lo que uno cree y muchas veces se normalizan.
Existen dentistas especialistas en la articulación de la mandíbula, su musculatura y el dolor facial, que pueden evaluar y tratar estos problemas. Así como uno no juega con un tobillo lesionado sin tratarlo, tampoco debería convivir con dolor en la mandíbula.
4. Dormir bien es parte del entrenamiento.
Esto es algo que aprendí tarde. Está muy estudiado que quien duerme mejor rinde mejor, reacciona más rápido y se recupera antes. El sueño es el momento en que el cuerpo se repara.
Roncar, despertar cansado o dormir pocas horas puede afectar el rendimiento más de lo que imaginamos, y con los años el ronquido se vuelve más frecuente. Hay dentistas que, trabajando junto al médico, evalúan y tratan problemas del sueño, como el ronquido. Si te dicen que roncas o sientes que no descansas, vale la pena consultarlo.
Mi invitación.
A los que están empezando, a los que siguen compitiendo, a los que jugamos por el puro gusto de seguir en la cancha, y a los padres y entrenadores que acompañan a los más jóvenes: incluyan una evaluación odontológica en la preparación, igual que se va al kinesiólogo o al médico.
Pregunten por especialistas que miren al deportista de forma integral y no solo a los dientes. Cuidar el cuerpo es lo que nos permite seguir jugando. Y la boca también es parte del cuerpo.
Porque cuidarse también es jugar.













