Para nadie es un misterio que en el deporte la salud mental sigue siendo un tema difícil de hablar. A pesar de que en los últimos años muchos deportistas han puesto el tema sobre la palestra, dentro de la salud mental existe un tema aún más delicado y del que se habla menos aún: la ideación suicida.
Quise tocar este tema porque justamente, durante estas semanas, han salido noticias sobre dos jugadores que lo han mencionado en medios de connotación nacional: el caso del querido canterano de Rangers, Javier Araya, quien desde abril decidió dejar la actividad por salud mental y quien en las últimas semanas ha lanzado preocupantes mensajes, y también el caso de Arnaldo Castillo, jugador de O’Higgins de Rancagua, quien la semana pasada, en una entrevista, mencionó abiertamente haber tenido ideas suicidas cuando pasaba por malas temporadas en el cuadro celeste, en un contexto marcado por críticas y hostigamiento hacia él, e incluso hacia su familia, según explicó el delantero paraguayo.
Son historias distintas, pero marcadas por un factor común que todos damos por hecho, pero que en ocasiones parecemos olvidar: detrás de cada deportista que vemos competir hay una persona con problemas, emociones, límites y una familia detrás.
Un entrenador no tiene que convertirse en psicólogo, pero sí debería saber cuándo algo necesita ser escuchado y cuándo corresponde buscar ayuda profesional.
También los hinchas tenemos algo que revisar. Criticar el rendimiento es parte del deporte: podemos cuestionar un pase, un cambio, un planteamiento o un partido. Lo que no deberíamos normalizar es transformar esa frustración en insultos, amenazas o ataques personales, especialmente a través de las redes sociales. El relato de Castillo es especialmente fuerte en ese sentido: las críticas por su rendimiento terminaron extendiéndose hacia su esposa y sus hijas, aumentando una presión que él mismo describió como un quiebre muy difícil. En el caso de Araya, en tanto, vimos otra realidad que también debería hacernos reflexionar: un jugador de apenas 20 años decidió poner en pausa su carrera para cuidar su salud mental.
Hablar de ideación suicida en el deporte no significa pensar que todos los deportistas están en riesgo ni convertir cada dificultad emocional en una emergencia. Significa entender que el deporte lo hacemos todos: deportistas, entrenadores, dirigentes, hinchas y periodistas. Y significa que todos somos responsables de hacer del deporte una actividad sana y linda.
Quise titular que la fortaleza no es silencio porque Javier tuvo la fortaleza de detenerse y Arnaldo tuvo la fortaleza de contar lo que vivió. Esa es, a mi juicio, la idea central que quise transmitir a cada persona que se dio el tiempo de leer esta columna.
Un abrazo de fortaleza a todos quienes se encuentran pasando por un momento difícil. Para ellos, mi palabra de aliento.













