Cuando miro hacia atrás y pienso en todo lo que me ha dado el básquetbol, siento una profunda gratitud. Este deporte me permitió representar a mi ciudad, a mi gente, y también al país. Pero, sobre todo, me enseñó valores que me acompañaron toda la vida: el esfuerzo, la disciplina, la amistad y el amor por lo que uno hace.
Por eso, cuando se decidió colocar mi nombre al Gimnasio Regional de Talca, sentí un orgullo inmenso. No por el reconocimiento en sí, sino porque fue un homenaje en vida, algo que no siempre ocurre. Muchas veces los homenajes llegan tarde, y por eso valoro enormemente este gesto.
Fue una emoción muy grande, no solo por mí, sino por todo el básquetbol talquino, por todos quienes de una u otra forma han sido parte de esta historia.
Recibí saludos desde distintos lugares del país, y eso me demostró que lo que hicimos aquí trascendió. Incluso, esa experiencia sirvió de ejemplo para que en otros lugares también se comience a reconocer a deportistas en vida.
En Pucón, por ejemplo, el gimnasio llevará el nombre de Ismenia Pauchard, una gran deportista, y pronto el Estadio Fiscal de Talca llevará el nombre de Iván “Pocholo” Azócar, un merecido homenaje. Eso me llena de alegría, porque significa que estamos aprendiendo a valorar a nuestra gente mientras aún pueden sentirlo.
Desde los 19 años, cuando llegué a la Selección Chilena, siempre tuve claro de dónde venía. Cada vez que me preguntaban, yo decía con orgullo: soy talquino. Y para mí, representar a Talca en cada partido, en cada torneo, fue siempre lo más importante. Era una satisfacción doble: jugar por Chile y llevar en alto el nombre de mi ciudad.
Hoy, ver mi nombre en ese gimnasio no es solo un honor personal; es una manera de representar a todos los que han hecho del básquetbol una forma de vida en Talca. A los jugadores, entrenadores, árbitros, dirigentes, y sobre todo, a la gente que apoya desde las gradas. Este reconocimiento es de todos ellos también.
El deporte es una escuela. Enseña a levantarse después de perder, a respetar al rival, a trabajar en equipo y a luchar por los sueños. Si este homenaje sirve para inspirar a las nuevas generaciones, para que sigan creyendo en el esfuerzo y en el valor del deporte, entonces habrá valido la pena cada entrenamiento, cada viaje, cada partido.














