Cuando comencé este recorrido en el arbitraje de taekwondo, jamás imaginé que tendría la oportunidad de vivir experiencias tan intensas y enriquecedoras.
Hoy, después de dos hitos recientes —el World Taekwondo Grand Prix Challenge en Muju, Corea, y la President’s Cup en Lima—, siento que he dado pasos muy significativos en mi desarrollo como árbitra internacional, ya con años de experiencia.
Muju no era desconocido para mí. Ya había tenido la oportunidad de ir a un lugar cargado de historia, cultura y excelencia deportiva. Sin embargo, esta vez lo viví desde otra perspectiva: como parte de un Grand Prix, con días de preparación junto a colegas de distintos países, reuniones técnicas y entrenamientos en un entorno privilegiado, con tres canchas completamente equipadas y categorías olímpicas en competencia.
Fueron cuatro días intensos de aprendizaje y exigencia máxima que culminaron en un evento majestuoso: nivel técnico altísimo, competidores de clase mundial y una organización impecable. Más allá del arbitraje, la calidez de la gente, la riqueza gastronómica y la energía de ese templo del taekwondo me recordaron por qué amo tanto este arte marcial.
De Corea volví con el corazón lleno, pero sin mucho tiempo para bajar la intensidad, porque pronto vino Lima. La President’s Cup me permitió vivir otro escenario, distinto pero igualmente especial. Se montó un torneo de gran envergadura: 10 canchas en simultáneo, categorías senior, cadetes y junior, y un realce continental con el sello G3, que atrajo incluso delegaciones de lugares tan lejanos como Rusia.
En medio de ese ambiente confirmé, una vez más, que el arbitraje es también un trabajo en equipo: compartir con colegas de toda Sudamérica, aprender de cada combate y sentir que juntos contribuimos al crecimiento del taekwondo en nuestra región es un privilegio que valoro profundamente.
Ambas experiencias me han reafirmado que este camino no es fácil, pero sí apasionante. Requiere disciplina, entrega y una búsqueda constante de perfección, pero también regala momentos únicos y amistades entrañables.
Hoy miro hacia adelante con gratitud y con más motivación que nunca. Como árbitra internacional, sé que cada evento es una oportunidad para crecer, para representar a mi país con orgullo y para aportar un granito de arena en el desafío de que el taekwondo siga brillando en todo el mundo.














