Sergio Manzor, formador de generaciones de deportistas, comenzó su camino en Molina jugando básquetbol y fútbol. El fútbol se le hizo fácil, porque desde niño lo llevaba en la sangre. Al básquetbol llegó invitado por sus cualidades y habilidades naturales, y con esfuerzo, trabajo y constancia logró desarrollar a plenitud este deporte que se transformó en su gran pasión.
Más adelante, ya titulado como profesor normalista, se trasladó a Talca, donde el Liceo de Hombres lo contrató para continuar su carrera. Allí dio vida a su deporte favorito y se transformó en pieza clave de las canchas talquinas, llegando a ser seleccionado de la ciudad en básquetbol.
Paralelamente, volvió a vestir con orgullo la camiseta de Rangers de Talca en el fútbol, considerándolo “un honor haber compartido cancha con grandes jugadores de la época”.
Su vocación de formador comenzó en la Escuela Deportiva Salesianos, con la que recorrió gran parte del país junto a un grupo de niños que más tarde se destacarían a nivel nacional. Además, asumió la presidencia de la rama de natación, impulsando la reapertura de la piscina del Liceo de Hombres, que llevaba tiempo abandonada.
Como deportista, defendió a Árabe, Liceo Blanco Encalada, Español de Talca y a los seleccionados locales. También dirigió equipos femeninos y masculinos de la capital maulina. Pero más allá de las victorias, lo más valioso que entregó fue su enseñanza: responsabilidad, respeto, honestidad, esfuerzo y bondad como claves para ser un deportista completo.
En sus propias palabras: “Me siento orgulloso de reconocer que quienes pasaron y trabajaron conmigo son grandes personas. Dediqué mi vida a educar y dejar en cada deportista valores de vida que hoy me enorgullecen”.
Entre las anécdotas más recordadas está el haber jugado en dos ocasiones contra los famosos Harlem Globetrotters. En una de esas presentaciones incluso fue elegido para vestir su camiseta y compartir cancha con ellos.
Todo un privilegio reservado para pocos.Como alumno y deportista formado por él, doy fe de sus palabras. Recibí de don Sergio consejos, correcciones, disciplina y empuje hacia la superación que me permitieron llegar a lo más alto de mi carrera deportiva.
Hoy, don Sergio Manzor Mancilla es un hombre pleno: empresario, esposo, padre y abuelo que disfruta de la vida con la misma pasión con la que alguna vez defendió una camiseta o dirigió a sus pupilos.
Gracias, don Sergio. Talca y su básquetbol le deben mucho.















